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Por: Adalberto Santana
Es evidente que en la visión intervencionista de  gobiernos de la región, lo que están haciendo en ese discurso es contribuir a la desestabilización de la República Bolivariana de Venezuela.Analizar la situación que vive Venezuela en lo interno y lo externo tiene en esencia dos propuestas bien contrapuestas. Incluso, analizarla desde los Balcanes, donde hago la presente reflexión nos dice que la patria de Bolívar en los momentos actuales se enfrenta a la cruzada que encabeza Donald Trump y todos sus aliados (o subordinados) con mayor o menor rango. Por el otro figura la  contraparte que dirige el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro. Es decir, no hay en esta fase de la confortación política una tercera vía. Es un choque de estas dos posiciones fuertemente encontradas. No hay por el momento y no se visualiza a corto y mediano plazo una tercera posición.

En efecto, el bloque antichavista,  para algunos de sus apoyadores en el ámbito latinoamericano “pretende formalmente” ser conciliadora, pero no lo es, si uno la analiza con cuidado. Tenemos el caso de los gobiernos que componen la llamada Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). Ahí la propuesta en resumidas cuentas que propone ese  grupo  neoliberal, es pretender que  el gobierno venezolano obedezca lo que le dice Trump. Esto es, no realizar las elecciones en las que se elija a los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente el 30 de julio de 2017. Estos gobiernos “pacifistas” defienden los intereses comerciales de sus grupos de poder económico y financiero (no a sus países y mucho menos a sus pueblos). Su política es de total subordinación a las expectativas del mercado norteamericano dominado por los sectores más conservadores y reaccionarios de los EU. Cuestionan al gobierno chavista, pero no  condenan  a  la tristemente célebre Mesa de Unidad Democrática (MUD). Su postura es sesgada, postula una actitud intervencionista al proponer lo que debe hacer el presidente Maduro y su gobierno. Incluso, sin consultárselo. Muestran una postura no neutral, incluso la que no reconoce y no condena el papel desestabilizador de los grupos de sicarios (conocidos como guarimbas) que buscan por medio de la violencia terrorista desestabilizar al país sudamericano. Las guarimbas (son el resultado del reclutamiento de sicarios financiados como guardias blancas o grupos contrarrevolucionarios) se expresan en acciones como el asesinar a ciudadanos venezolanos quemándolos vivos. Tal delito lo califica la ONU como “crímenes de odio”. A las acciones de estos grupos y sus patrocinadores no los condenan el grupo de gobiernos de la Alianza del Pacífico.

Es evidente que en la visión intervencionista de  gobiernos de la región, lo que están haciendo en ese discurso es contribuir a la desestabilización de la República Bolivariana de Venezuela. Para ellos el presidente Maduro es intolerante, no democrático y autoritario. Usan el término populista para deslegitimar sus acciones. Exactamente como lo manejan y lo justifican los medios de información al servicio de los gobiernos y los grupos y partidos de las derechas latinoamericanas y globales. Por ejemplo, el gobierno del presidente de México (Enrique Peña Nieto), ha generado un sisma con la política independiente de México y que tuvieron otros gobiernos de no intervención y respeto a la soberanía nacional de otros países y pueblos. Esta era la tradición de la política exterior mexicana antes de adoptar la práctica y el discurso neoliberal. En términos internos, lo que pretende el gobierno mexicano y sus partidos aliados: Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN) y  Partido de la Revolución Democrática (PRD) junto con otros de menor peso electoral, es denigrar la figura del principal aspirante a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y asociarlo  de manera  simbólica con Nicolás Maduro. Esta estrategia  a su vez pretende desviar en el imaginario colectivo del electorado mexicano, que los males no son la apabullante corrupción  que permea a los principales dirigentes y gobernantes del PRI como han sido toda una serie de gobernadores y funcionarios públicos que han sido acusados de una corrupción que raya en lo increíble. Esto, muestra el gran deterioro y la putrefacción del sistema político mexicano, el cual vive su más profunda y plena descomposición.

 

De esta manera se denigra como recurso político propagandista a Maduro y Venezuela, y se le asocia con las alternativas de la izquierda mexicana. En México las fuerzas progresistas acumulan una gran fuerza y capacidad de resistencia que la hacen en el momento actual la real alternativa para salir de la crisis en que vive el país y que encabeza AMLO. Por ello el gobierno mexicano y sus partidos de derecha, pugnan por la defensa de lo que para ellos siguiendo al derechista Luis Almagro, Secretario General de la OEA, debe ser  la democracia en Venezuela (es decir, respaldar a la MUD y ser antichavistas). A su vez el gobierno de Peña Nieto trata de ocultar que la clase política dominante y la delincuencia organizada han generado  en la sociedad mexicana una  guerra que suma aproximadamente en los últimos 11 años,  más de 180 mil muertos y más de treinta mil desaparecidos. Así,  de manera semejante y con una enormidad de recursos se impulsa una propaganda antichavista, la cual en el fondo  pone en evidencia   la unión de las fuerzas de la derecha latinoamericana y estadounidenses para revertir los avances de los grupos, partidos, movimientos y dirigentes de las fuerzas progresistas latinoamericanas. Esta misma posiciones de la derecha con semejantes métodos y argucias se manejaron en Brasil (como fue el golpe de Estado contra Dilma Rousseff en agosto de 2016) y hoy en julio de 2017 la campaña contra Luiz Inácio “Lula” da Silva para impedir que sea candidato a presidente de Brasil; en Honduras fue con el golpe de Estado de 2009 contra el presidente Manuel Zelaya y contra el ex obispo y presidente Fernando Lugo de  Paraguay en 2012.  En México la campaña es  contra López Obrador.  El escenario sin lugar a dudas es tenso, es una medición de fuerzas entre las derechas imperiales  y locales  contra las fuerzas progresistas de la región. La acumulación de fuerzas en los sectores populares es cada vez es más evidente y por eso se pretende estratégicamente desde visiones imperialistas y reaccionarias a nivel regional   contener y desmoralizar sus fuerzas. Venezuela, sin duda es, en el momento actual, el centro de esa batalla.  De ahí que tenía suma razón el Che Guevara, cuando en coyunturas tan críticas como las actuales,  en que  la intervención imperialista es más que evidente, desarrollar su consigna política: “crear un, dos, tres Vietnam”. Es decir, generar otros focos de resistencia en el mundo y en el momento actual para debilitar el potencial imperialista concentrado contra Venezuela.

Tomado de TeleSur

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